martes, 9 de agosto de 2011

Fauna del transporte público

La sub-especie que hoy nos ocupa pertenece a la raza humana, fundamentalmente, hembras, entre 20 y 60 años. Su comportamiento típico incluye una serie de ritos y pasos supuestamente embellecedores. Pasemos a describir un rito típico:

En primer lugar, extrae de su bolso un neceser, del cuál irá tomando distintos objetos. El primero, fundamental, es un espejo pequeñísimo, que de ninguna forma puede reflejar su cara por completo. Este espejo será sostenido por la mano menos hábil, a una altura variable. La mano menos hábil también sostendrá los pomos mágicos, mientras la que es más ducha, los aplicará con diversos elementos.

El primer pomo contiene algo conocido como "corrector de ojeras". Generalmente, este corrector es de un tono demasiado claro para la piel y se encuentra empastado, por lo que una vez colocado parece un antifaz blancuzco que deja traslucir las ojeras de cualquier tono.

El segundo pomo (en algunos casos reemplazado por un disco compacto) contiene base. En contraste con el corrector, la base suele estar varios tonos por encima del color de piel natural. Mucho más anaranjada, además. Esta sustancia es aplicada con los dedos, si es líquida, o con una esponjita muy gastada si es polvo compacto. Parece ser parte del rito el frotar la piel tanto como se pueda, arrastrándola desaprensivamente de un lado al otro.

Acto seguido, la hembra alejará un poco el espejo, estirará su cara (como si dijera una U muy pronunciada) y mirará ambas mejillas. Considerándolas pálidas pese al naranja, les aplicará un rubor subido, frotando nuevamente a la pobre piel. En ocasiones, pasan una brocha algo gruesa con rubor también por la nariz y la frente.

Estos especímenes no suelen colorear sus párpados. Si lo hacen, es con una capa uniforme de algún color claro. Eso sí, todas aplican una pasta o líquido para remarcar el borde de sus ojos. El color de la pasta puede ser negro, marrón, azul o verde, indistintamente. El trazo, grueso y desalineado, producto del traqueteo del transporte en el que se encuentren.

Una vez terminada la fase de delineado, pasan a la fase de rimmeleado. Esta fase es la que más tiempo suele llevar, con cuidado separan sus pestañas, las empastan, arquean, vuelven a empastar, vuelven a separar. Una vez que estén conformes, echan una rápida mirada y guardan el rimmel.

El pintado de labios suele ser sencillo. Muchas, incluso, obvian el uso del espejo. Un brillo o un labial neutro suelen alcanzar. En ocasiones, especialmente entre las mayores de 45, aparecen rosas chillones o fucsias.

Invariablemente, el resultado es lamentable. Realmente estas féminas son mucho más bellas sin estos ritos apresurados de maquillaje, cosa muy sencilla de comprobar ya que las hemos visto ANTES del mismo. Por otra parte, se sabe que los efectos de un rito análogo realizado en la comodidad del hogar o de cualquier sitio que no se mueva, son mucho más beneficiosos a la imagen de estos homínidos. Sin embargo, está comprobado que son reacias a cambiar dicho ritual en el transporte, llegando incluso a realizarlo de pie, en recintos repletos, poniendose en riesgo por no poder sujetarse debidamente...


EvaLilith

2011

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